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Qué son las creencias limitantes y cómo combatirlas

Qué son las creencias limitantes y cómo combatirlas

El poder de la mente es inagotable, nuestras ideas conforman el modo en que nos relacionamos con el mundo y avanzamos en nuestro ciclo vital. Nuestras creencias pueden darnos un empujón hacia cambios positivos en la vida, pero también pueden ser limitantes y no permitirnos avanzar

Una de las grandes barreras para lograr lo que cada persona desea en la vida son sus creencias. Hablamos de esas ideas y esos pensamientos que se han internalizado tanto que han pasado a ser rectores de las acciones de la vida. Son barreras invisibles que atan a las personas y las condenan a permanecer en terreno conocido, les impiden tomar riesgos y decisiones, traban su evolución y dificultan su transformación personal.

Las creencias y los pensamientos asociados tienen la peculiaridad de que son aceptados generalmente como válidos sin ser cuestionados ni analizados previamente y, mucho menos, en lo posterior. Producen lo que se conoce como “percepción selectiva” –el individuo procesa solo la información que le interesa, porque es la que se adecua a sus creencias.

“Las creencias limitantes son esos mensajes internos que viven en nuestra mente subconsciente y condicionan nuestra vida”

Estos esquemas de pensamiento son muy estables a lo largo del tiempo y, sobre ellos, se levanta todo un andamiaje de conductas, emociones, características en nuestra forma de relacionarnos, estructuras de aprendizaje: la personalidad. A medida que el tiempo pasa y el individuo crece y se desarrolla, su sistema de creencias se hace mucho más rígido y, en consecuencia, difícil de cambiar. Es importante mencionar que la mayoría de estas creencias cambian pero solo superficialmente, manteniendo su núcleo original aprendido en el pasado; pocas realmente se transforman, adaptándose a las nuevas circunstancias del entorno y a la persona.

Las creencias limitantes llevan al individuo a “vivir cómodamente incómodo”. Generalmente, estas creencias elaboran interpretaciones sustitutas de situaciones o hechos que son difíciles de manejar: no solamente distorsionan la realidad, sino que sustituyen la verdadera “necesidad” a satisfacer por otra. Esto lleva a la persona a vivir con una pesada carga de insatisfacción que tarde o temprano se mostrará con toda su crudeza.

¿Cómo se originan las creencias?

Las creencias se configuran desde el nacimiento, a lo largo del crecimiento y el transitar la vida de una persona. Entre los factores que tienen mayor peso en la formación de las creencias, además de la carga genética de cada persona, están la educación, la relación padre-hijo en la primera infancia, los medios de comunicación, los amigos y figuras –cercanas o no– de influencia, es decir, prácticamente todo lo que nos han dicho o enseñado.

Las creencias básicas se aprenden entre los 0 y 8 años de edad. En esta etapa, a través de la relación con sus padres, el niño inocente, y, desde la confianza absoluta con su interlocutor, absorbe muchos de los patrones básicos que regirán su pensar, sentir y actuar en el futuro. De esta manera, ese niño comenzará a ser condicionado acerca de cómo entenderá y con qué cristales observará, significará el mundo, y actuará en consecuencia.

Estas estructuras de pensamiento son adquiridas fundamentalmente de forma inconsciente a lo largo de la vida, lo que hace que, la mayoría de las veces, los individuos no tengan conciencia de lo que conllevan, lo que dificulta reconocerlas y, así, poder eliminarlas.

Tipos de creencias

Por motivos prácticos y de precisión, se establecen dos tipos de creencias. Aquellas que limitan y paralizan, las llamadas “creencias limitantes”, y las “creencias potenciadoras”, que facilitan y empujan el crecimiento y la efectividad.

¿Cuándo las creencias son limitantes?

Las creencias serán obstáculos cuando nos aten al pasado o nos condenen a vivir en la ansiedad de un futuro amenazante. Las creencias son limitantes o negativas cuando nos imposibiltan vivir plenamente el presente, ser conscientes de nosotros mismos, de nuestras necesidades, expresar nuestros puntos de vista o nuestros sentimientos abiertamente, tomar riesgos y explorar la vida. Son percepciones que impiden experimentar el “aquí y el ahora”, por lo que, cuando nuestras acciones y emociones están atadas a fantasías, pensamientos, historias y emociones ancladas en el recuerdo o en la imaginación producto de una realidad distorsionada, estamos en presencia de esquemas, guiones o creencias limitantes.

Las creencias limitantes generan, al menos, dos consecuencias en la vida de una persona:

Imposibilitar

Las creencias limitantes nos impiden expresar nuestras potencialidades, coartan la diversidad de respuestas frente a las situaciones cotidianas. Por ellas, reprimimos emociones, bloqueamos la energía, restringimos nuestra expresión corporal natural y la traducimos en tensión; evitamos comportamientos fluidos y claros frente a situaciones o personas. Esto sucede por ideas o programas anclados en nuestro cerebro que bloquean las posibilidades y limitan la capacidad de expresión real. La existencia se vuelve monótona, gris; limitada a un pequeño porcentaje de la capacidad de experimentar gozo, amor, paz y plenitud. Esta minusvalía lleva al ser humano a autopercibirse, en mayor o menor medida, como incapaz o no merecedor, lo cual crea una visión sesgada y cruel de la vida y de sus posibles salidas o soluciones.

Enfermar

Una de las características de la persona que vive encerrada dentro de sistemas limitantes de creencias es su progresiva disfuncionalidad. Su sistema de vida comienza a volverse poco efectivo, incoherente, aislado, repetitivo y rígido. Psicológicamente se transforma en un ser sin vida, angustiado, anclado en ideas falsas, disminuido en su capacidad de sentir y de expresar libremente emociones y opiniones, sometido a una “máscara de apariencias”. Las creencias limitantes actúan silenciosamente, se convierten en eternos acompañantes y no son vistas como algo dañino.

El poder de las creencias

Nuestro sistema de creencias tiene el poder de hacernos pensar, ver, sentir y comportar según esos patrones elaborados. De hecho, nuestras creencias tienen la capacidad de regular y organizar nuestras vidas en torno a ellas. En este sentido, es muy curioso ver cómo el ser humano inventa condiciones ideales para que sus creencias se demuestren o confirmen, reforzándolas aún más como verdaderas en un ciclo que se repite sin fin. ¡Se van convirtiendo en una única e irrefutable verdad!

Todos tenemos alguna creencia limitante. Mirá algunos ejemplos muy comunes, seguramente te sentirás identificado/a:

  • no soy suficientemente bueno/a
  • esto no es para mí
  • no tengo la capacidad para solucionar este problema
  • es mejor estar en este trabajo, en vez de renunciar y arriesgarlo todo
  • mejor ni siquiera me presento a esa entrevista de trabajo, no estoy capacitado/a
  • es demasiado tarde para intentar cambiar las cosas

¿Cómo identificar y superar estas creencias limitantes?

A esta altura del texto, ya te habrás dado cuenta de que el manejo de las creencias limitantes es un verdadero desafío, ¿no es así? Esto es porque crean raíces y, cuando provienen de largo plazo, requieren mucho esfuerzo para cambiar tales concepciones. Pero no te preocupes, tenemos algunos consejos que podrían ayudarte a desprenderte de esos pensamientos…

Abrite a los cambios

El primer paso –y el más difícil–para deshacerse de las creencias limitantes es abrirse a los cambios. No tener miedo de salir de la zona de confort y de entrar en territorio desconocido es esencial para superar tus propios límites. Para ello, experimentá situaciones, frecuentá círculos sociales y planteá objetivos completamente diferentes a todo aquello que te condiciona.

Alejate de las causas

Identificar los motivos que te conducen a las creencias limitantes también es muy válido. Si tus padres fueron muy rígidos, te hicieron creer que fallabas aún cuando lo intentabas, ¿qué tal ganar un poco de distancia y cultivar otro tipo de referencias? Si es tu compañero/a quien te hace sentir poco merecedor de la felicidad, vale la pena tener una conversación seria y sincera y, tal vez, incluso revisar la relación.

Cambiá tu mentalidad

Por último, cambiar la mentalidad –es decir, tu propia manera de pensar– también es un buen camino. Empezá a creer más en vos, en tus habilidades y en tu competencia. Muchas veces, las creencias limitantes terminan llevándonos a un autosabotaje, cuando el mero intento podría fácilmente asegurarnos el éxito profesional o personal.

¿Qué tal decir adiós a las creencias limitantes?

Como vemos, no es imposible superar las creencias limitantes –creer en eso ya sería caer en la trampa. Sean hereditarias, sociales o personales, podemos combatirlas identificando las causas, con cambios de comportamiento y reajustes en la forma en la que vemos el mundo y nos vemos a nosotros mismos. El resultado será alcanzar nuevos logros y tener una mejor calidad de vida. Recordá que estos consejos son solo un método para ayudarte. Si no consigues liberarte de creencias limitantes, buscá la ayuda de un profesional, quien podrá ayudarte y acompañarte en ese proceso.

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