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La soledad puede ser adictiva: la capacidad de estar solo, de ser independiente.

La soledad puede ser adictiva: la capacidad de estar solo, de ser independiente.

La mayoría de nosotros no está acostumbrado a estar solos, muchos cuando lo están sienten que no es algo que realmente hayan elegido y se pasan su tiempo tratando de encontrar a alguien que les haga compañía, incluso sienten que estar solos es una especie de penitencia o el no poder establecerse con alguien.

Inclusive hay muchos que dicen que no necesitan una pareja a su lado, pero en realidad pasan muy poco tiempo con ellos mismos, llaman a amigos, a familiares, sintiéndose más cómodos contando con alguien para hacer cosas.

Pero quien le ha dado tiempo a la soledad, bien sea por algún tropiezo en su relación o simplemente porque su ser se lo ha pedido a gritos y ha decidido escuchar esa sabia voz, puede descubrir lo que en compañía jamás haría.

Con el paso del tiempo comienzas a relacionarte con la soledad sin miedo, a gustarte dentro de ti, a contemplarte y recuperar un equilibrio. Con 20 la sociedad no permite contemplar la soledad como algo positivo de la misma manera que de los 30 en adelante, cuando las vivencias te hacen chocar con la necesidad de parar y reservar tu parcela para ti mismo.

Una persona en soledad aprende a conocerse, a valerse por sí mismas, a disfrutar las cosas de la vida sin la postura que asumiría ante alguien más, Y mientras más oportunidad le da a la soledad, más la aprecia, más la valora, más la desea. A través de ella podemos escucharnos, manejar nuestras inquietudes, observar a nuestros demonios y manifestar nuestros deseos.

Pero.., ¡¡cuidado!!, no debemos confundir la soledad elegida con el aislamiento social. Debemos entenderla como un lugar al que acudimos por elección propia y con la necesidad de construir nuestra personalidad a través de la observación plena.

Lo mejor que nos puede ocurrir cuando apreciamos la soledad es reconocer que no dependemos de nada, ni de nadie para sentirnos plenos y a partir de allí sencillamente dejar de esperar a alguien que nos haga feliz, que nos facilite la vida y menos que llene nuestros espacios. Y saber que podemos relacionarnos con alguien más sin nexos de dependencia, nos ofrece la oportunidad de escoger con mayor criterio y tener la paciencia necesaria para ocupar lugares especiales en nuestros corazones.

Las personas que gustan de tener ratos a solas ven las cosas de otra manera. Saben lo que es disfrutar de un día sin planes, buscar horas para pasar tiempo por tu cuenta, ser independiente, considerar que un café solitario es uno de los mayores placeres de la vida.

Lo esencial de este estado emocional nos enseña a compartir nuestra manera de ser con nosotros, reservarnos un terreno y abonarlo para trabajar profundamente aquello que nos sostiene: el amor por uno mismo.

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