Textiles sustentables

La moda sostenible es un hecho. Ya no se esconde como una alternativa para pocos, en pequeñas tiendas perdidas en lugares donde el fenómeno Fast fashion hace estragos. En la nota te cuento sobre los que espero, se conviertan en los materiales del futuro.

“Cuero” de hongos: Muskin

Se sabe que el cuero es un material que presenta algunos problemas en su elaboración, pues utiliza químicos que son dañinos para el medio ambiente y las personas implicadas en sus procesos de tratado.

Una de las alternativas que se ha encontrado al uso de este material es el Muskin, un textil vegano fabricado a partir de un hongo gigante llamado Phelinus ellipsoideus,  que crece parasitando árboles en bosques subtropicales, en los cuales produce putrefacción de los tejidos.

Una vez que el material es obtenido, es tratado por un proceso similar al del cuero animal pero adoptando técnicas más naturales y menos contaminantes. Esto por ejemplo se logra con el uso de ceras ecológicas que le imparten características especiales al Muskin.

Entre las bondades que posee, se han descubierto propiedades antisépticas que detienen la proliferación de bacterias, buena aireación y uso seguro en contacto con la piel, garantizado por la inocuidad de su proceso de fabricación.

Su uso está extendido a zapatos, bandas de relojes, carteras y sombreros.

Reversionando desechos: Pellemela

Su origen se remonta a la búsqueda de destinos para los desechos de las industrias de los jugos de fruta y compotas en el Norte de Italia. Alberto Volcan, en 2004 encontró como una de sus primeras alternativas, el papel elaborado a partir de los residuos de la manzana. Luego se asoció a Frumat, una empresa especializada en el reciclado de desechos industriales biológicos, donde continuó con su investigación.

Tiempo más tarde y como resultado de su arduo trabajo, creó un adhesivo vegetal a partir de cáscaras de manzana. Si bien no tuvo el éxito esperado, este descubrimiento fue la base de una mezcla que al estirarse dió lugar al conocido Pellemela o cuero de manzana.

Se trata de un material ecológico, con buena aireación, resistente al agua, durable y por supuesto, vegano.

Los primeros productos fabricados con este material, se comercializaron en el año 2015 y desde entonces, la industria de la moda lo ha empleado en diversos accesorios, destacándose su uso en zapatos.

La versatilidad del material le ha permitido incluso, ser utilizado por la industria automotriz. Ejemplo de esto es la empresa alemana Volksvagen que lanzará en 2021 un SUV eléctrico con sus tapizados fabricados enteramente de “AppleSkin”.

Piñatex

Es considerada como otra de las alternativas ecológicas al cuero, en este caso elaborada a partir de las fibras de celulosa extraídas de las hojas del ananá junto a ácido poliláctico y una resina.

El descubrimiento fue hecho por la doctora Carmen Hijosa, quién trabajó durante los años 90 en la industria del cuero en Filipinas. Convencida de la inviabilidad del proceso de fabricación tradicional, tanto a nivel ambiental como sanitario para quienes llevan a cabo el mismo, se decidió a buscar una solución.

Fue así como descubrió el barong tgalog, una prenda tradicional filipina hecha de fibras de la planta de piña, que sería la base de su investigación en los 7 años posteriores.

Como resultado, obtuvo un material que logra aprovechar el desecho producido por la industria del ananá, que tiene una magnitud de 40,000 toneladas por año y que eventualmente termina pudriéndose o quemándose.

Si bien se trata de un producto no biodegradable, pues tiene entre sus componentes derivados del petróleo (resinas y ácido polilactico), se lo considera una alternativa sustentable. El hecho de ser elaborado parcialmente a partir de un producto de desecho, sumado al no uso de químicos peligrosos y metales pesados en el proceso de fabricación, le atribuyen su buena fama.

Sus propiedades son similares a las de las otras dos alternativas mencionadas, destacando su acción antibacteriana, que convierte a Piñatex en un importante objeto de estudio para el área de los insumos médicos.

Prendas de café

La iniciativa surgió por parte de una compañía taiwanesa llamada Singtex, quién logró diseñar un textil a partir de desechos de café molido, con excelentes cualidades anti- olor, protección contra los rayos UV y un secado hasta 200% más rápido que el del algodón.

En el proceso se le da una “segunda oportunidad” a los restos de café provistos por cadenas de cafeterías como Starbucks, evitando que los mismos terminen en la basura. Procesos de altas presiones combinados con bajas temperaturas permiten crear hilos a partir de una mezcla de restos de café y poliéster de botellas plásticas desechadas, con características que hacen a un producto textil único.

Algo que sorprende de esta iniciativa taiwanesa, es que las prendas elaboradas de la misma, pueden ser compostadas al final de su vida útil, asegurando así que no terminen como desechos y contribuyendo a recomenzar el ciclo productivo al fertilizar el suelo donde podrá crecer el café.

A diferencia de otras alternativas eco-friendly, esta se encuentra más distribuida en el mercado y ya son varias las compañías que la han implementado en parte de sus prendas y calzado, destacando entre ellas Timberland, North Face y American Eagle.

Telas vegetales
Lino

Este material es fabricado a partir de Linum usitatissimun, un vegetal capaz de prosperar en terrenos pobres, donde el desarrollo de cultivos para la alimentación no es posible. Es esta rusticidad característica, la que posibilita su crecimiento libre de químicos y con mínimas cantidades de agua.

Sin embargo, el problema reside en su procesamiento, donde tiene lugar una fase conocida como “enriamiento”. En la misma, las fibras extraídas del vegetal son dejadas a macerar en cursos de agua durante un periodo prolongado de tiempo. En caso de que se hayan utilizado agroquímicos en el cultivo, los mismos difunden hacia el agua y la contaminan.

Como alternativa a estos procesos, y a fin de lograr el ablandamiento de la fibra de una manera menos nociva para el ambiente, se diseñaron nuevos métodos. Entre ellos se destacan la maceración con agregado de enzimas, y la producida por bacterias que son estimuladas por el agregado de agua en forma de rocío.

Como textil, destaca por su resistencia a la temperatura y rotura, ligereza y propiedades antibacterianas. Además, cuando no es tratado con ciertos químicos (como las tinturas), es considerado completamente biodegradable.

Algodón reciclado

Por tratarse de una tela liviana y económica, es el constituyente número uno de la mayoría de las prendas que se encuentran en nuestros guardarropas. Pero lo que oculta detrás de su elaboración es para la mayoría desconocido: se trata de uno de los cultivos con mayor consumo de agroquímicos y agua, a nivel mundial.

Optar por algodón orgánico es un cambio que los ecosistemas agradecen, ya que así incentivamos la producción y el cultivo libre de plaguicidas y otros químicos implicados en el proceso.

Si bien la alternativa anterior es un buen comienzo, según algunos índices,  el reciclaje de algodón es aún más sustentable . Para elaborar prendas a partir del mismo, se utilizan los desechos y sobrantes tanto de fábricas como de consumidores. De esta manera no sólo colabora a reducir el gasto hídrico y energético, sino que también contribuye a evitar la acumulación de desechos textiles.

Cáñamo

Se trata del pariente no psicotrópico de la marihuana, y también es usado como material de construcción, comida e incluso en cosmética.

Su uso en la industria textil data desde hace cientos de años, y sus bondades son similares a las del lino: requiere poca agua, crece bajo condiciones ambientales amplias y prácticamente no necesita de pesticidas. A esto se le suma, que fertiliza el suelo donde crece, colaborando así a restablecer los nutrientes tomados por el cultivo.

La tela elaborada a partir de sus fibras es versátil, y se adapta fácilmente a las estaciones, pudiendo ser utilizada en la fabricación de prendas tanto de invierno como de verano.

Si bien la consciencia ambiental es una prioridad para muchos diseñadores, somos los consumidores quienes tenemos el poder de cambiar el futuro de la moda. Al optar por nuevas alternativas y hacerlas parte de nuestra vida diaria, logramos su expansión en el mercado, debilitando al clásico modelo contaminante y contribuyendo al cuidado ambiental.

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