De pilusos y ejércitos

Se trata de uno de los accesorios más controversiales de la industria, siendo adorado por muchos, y demonizado por sus contrapartes.

La realidad es que sus orígenes no se remontan a una finalidad estética sino más bien íntegramente funcional.

Creado inicialmente en Irlanda a comienzos del siglo XX, el piluso se posó largo tiempo en las cabezas de aquellos que pasaban gran parte de su día a la intemperie, como pescadores y granjeros. Su diseño estaba orientado a la protección del sol y la lluvia, y su carácter impermeable era otorgado por la lanolina, presente en la materia prima a partir de la cual eran elaborados: la lana.

Indispensable para su popularización entre personas dedicadas a actividades realizadas aire libre, fue la facilidad para doblarse y caber en el bolsillo del portador, adquiriendo una gran ventaja frente a otros modelos de sombrero.

Todos estos atributos, lo concibieron como una gran tentación para las fuerzas armadas, y consecuentemente el ejército norteamericano decidió implementarlo como parte de sus uniformes. Durante la Segunda Guerra Mundial, se transformó en el elemento perfecto para proteger los ojos, evitar la insolación y permitir apuntar sin la distracción causada por el destello del sol.

La marina de Estados Unidos también tomó partido del aclamado accesorio, extendiendo el ala del mismo y transicionando hacia textiles como jean y sarga en color azul marino, acorde a la estética de la institución.

Un fenómeno similar se presentó durante la guerra de Vietnam, donde los uniformados yanquis se cubrieron con “Boonie hats”. Esta adaptación del sombrero incluyó una fabricación enteramente de algodón en patrones camuflados, con un aspecto más achatado y ala más rígida, adicionando cordones que permitían sostener hojas y optimizar el mimetismo con el ambiente.

Las variaciones del chambergo (también se lo conoce con este nombre) no quedaron restringidas a los sectores armados, y como otros tantos elementos de la indumentaria militar, vio su oportunidad para filtrarse en el guardarropa de numerosos usuarios.

Ayudado por el movimiento mod, surgido en Inglaterra en los años 50, la percepción de este accesorio dio un giro rotundo para ser considerado, hacia los años 60, como un éxito entre los jóvenes.

Algo similar ocurrió en las décadas del 80 y 90, cuando la cultura del hip hop se percató del potencial que atesoraba el emblemático sombrero de pescador, y lo convirtió en parte de su insignia. Ejemplos encontramos en artistas como Big Bank Hank of Sugar Hill Gang y Run-DMC.

Sin embargo, a diferencia de otros tipos de sombreros, el piluso no logró popularizarse con gran énfasis en la población. Hay quienes aseguran que este desinterés generalizado hacia el mismo, era consecuencia de sus orígenes, más centrados en la utilidad que en el carácter decorativo. También alegando su fuerte conexión con personajes de televisión poco agraciados, como Gilligan de “La isla de Gilligan” o Wilson de “Mejorando la casa”.

Recientemente numerosas marcas de la industria de la moda han provisto al accesorio de oportunidades para formar parte de sus colecciones, dando lugar a su versión de alta costura.

Entre ellas destacan las colecciones primavera-verano de Prada en 2005, Melissa Forde en 2015, Michael Kors y Chanel en 2018, Dior en la semana de la moda del pasado febrero junto a lo más reciente de Feng Chen Wang.

El resultado de la estrategia de los diseñadores fue el esperado: el piluso logró popularizarse e incluso persuadir a grandes fashionistas, anteriormente reacios a él. Incluso quienes transitan el camino hacia el slow fashion, encontraron fácilmente alternativas vintage al sombrero, por su popularidad en años anteriores.

No sólo abundará como accesorio durante la temporada de calor cumpliendo su propósito original al proteger al usuario del sol, sino que también formará parte de outfits en el próximo invierno.

¿Qué opinás del “gorrito pescador”?

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