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Este envase de plástico es una pesadilla del reciclaje

Este envase de plástico es una pesadilla del reciclaje

La gran variedad y abundancia de envases de plástico, entre ellos los envases de bisagra con autocierre, supone un dolor de cabeza para la industria del reciclaje.

Los envases de bisagra con autocierre no solo han sido votados el peor diseño de la historia, sino que han dado lugar al término inglés «wrap rage», o «ira del envase», como ejemplifica el cómico Larry David en su intento de abrir uno.

A pesar de todo, los productos del interior de los envases de bisagra plagan los estantes de las tiendas al por menor y los supermercados.

El envasado de productos genera más residuos plásticos que cualquier otra industria. En Europa, representa el 59 por ciento de todos los residuos plásticos por peso. En Estados Unidos, ese porcentaje se acerca al 56 por ciento, según los expertos.

El mercado global del envasado es una industria con un valor de casi 630 000 millones de euros anuales y que crece un 5,6 por ciento al año. Los plásticos representan un tercio de esta, lo que convierte el envasado en el mayor mercado único de plásticos en Estados Unidos.

Los envases de bisagra, como la mayoría de envases, están compuestos de plástico de un solo uso y, aunque técnicamente son reciclables, pocos se reciclan en Estados Unidos.

Eso necesita cambiar cuanto antes si los fabricantes de estos productos y la industria de los plásticos quieren cumplir sus compromisos de reciclar o recuperar todos los plásticos y aumentar en gran medida su uso de envases de plástico reciclado.

La evolución de los envases de bisagra

La invención de los envases de bisagra se debe a Thomas Jake Lunsford, aunque él los llamó «sistema separable de envasado y presentación» cuando presentó la patente el 15 de septiembre de 1976. Los envases de bisagra se parecen ligeramente a la concha de una almeja (de ahí su denominación inglesa, clamshells), ya que están formados por dos «conchas» de plástico idénticas que encajan alrededor del producto y tienen una bisagra por un lado. Cuando los lados se cierran haciendo presión, quedan sellados y algunos son más difíciles de abrir que otros.

Lunsford no mencionó el uso del sellado térmico en los bordes para imposibilitar la apertura de estos envases de bisagra sin herramientas. Las tijeras, aunque no estén atrapadas en un envase de bisagra, no funcionan bien en plástico duro y resbaladizo. Y al igual que los cúteres, tienen cierto riesgo de provocar lesiones en las manos. Las tijeras cortachapa funcionan mejor, pero existe una herramienta fabricada específicamente para abrir los envases de bisagra.

Para ayudar a su madre de 90 años a abrir los envases de bisagra, el dentista jubilado Steve Fisher inventó el «Zip-it Opener», que funciona con pilas, hace 10 años. En una entrevista, Fisher declaró que es muy popular entre los mayores, personas con artritis y otras personas con poca fuerza en las manos.

Los envases de bisagra siguen siendo populares entre los minoristas porque el producto es visible por ambos lados, puede colgarse o colocarse de pie y cuesta más robarlos porque el paquete es más grande que el producto que contiene. Es mucho más ligero que el cartón u otras alternativas —lo que ahorra energía en el transporte—, su fabricación es más barata y es más duradero. La industria alimentaria representa más del 60 por ciento del total de envases de bisagra.

«Existe una amplísima variedad de envases de bisagra y blíster con autocierre», afirma Sara Greasley, que lleva un blog muy popular sobre el envasado y trabaja en esta industria.

Los envases de blíster con autocierre suelen ser una burbuja de plástico transparente montada sobre un pedazo de cartón. Las pilas, por ejemplo, aún se venden en ese formato. Pero los términos suelen utilizarse indistintamente, lo que genera confusión, según Greasley. Según ella, el tipo de envases de bisagra que se utilicen suelen determinarlo los minoristas, sobre todo quienes compran al por mayor en tiendas tipo club como Costco, que tienen necesidades de envasado específicas. Por ejemplo, es posible que los envases tengan que resistir a pruebas de sacudida, aplastamiento y caídas para garantizar que no se producen daños.

Además, «reciclable» no significa que vayan a ser reciclados.

La gran variedad y abundancia de envases de plástico es todo un dolor de muelas para la industria del reciclaje. «Es un problema importante», afirma Steve Alexander, presidente de la Asociación de Recicladores de Plástico.

«Normalmente, los envases de bisagra están hechos de plástico PET, así que son muy reciclables», afirma Alexander.

Existe una gran demanda de PET (tereftalato de polietileno) reciclado en los nuevos envases de bisagra, sobre todo los empleados en la industria alimentaria.

Sin embargo, los envases de bisagra no se reciclan porque no se recogen y, cuando los recogen, la mayor parte de las instalaciones de recuperación de materiales no pueden separarlos del resto de materiales.

Añade que, si pueden separarlos, puede resultar problemático retirar las etiquetas pegadas o los residuos de alimentos, así como el cartón de la parte trasera de los envases con blíster.

Según una encuesta de Nielsen de 2018, los consumidores compran cada vez más productos más sostenibles —y que vienen en envases adecuados— a una tasa que duplica la de otros productos.

Según Kim Houchens, directora de envases para el consumo de Amazon, a partir de agosto, los vendedores de la Amazonia tendrán que cumplir los estándares de envases eficientes, como la eliminación de envases de bisagra u otros envases de plástico para productos de tamaño grande y mediano, o tendrán que cobrar 1,79 euros por envase.

«Antes pagábamos a los vendedores un dólar por cada envase que rediseñaran para el mercado del comercio electrónico», declaró Houchens en una entrevista.

En la última década, las iniciativas de envasado sostenible de Amazon han reducido los residuos de embalaje de Amazon un 16 por ciento. Según Houchens, el objetivo total de reducción es del 25 por ciento.

Para alcanzar dicha meta, la empresa ha desarrollado un sobre de papel acolchado reciclable para remplazar los ubicuos sobres amarillos de burbujas.

Via NatGeo

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