R&R, Russo y Riquelme, la combinación de la felicidad Xeneize.

El Xeneize le arrebató el título a River. Este trofeo trae muchas cosas. Veamos cuáles.

A Boca le tocó ver, estos últimos años, las victorias y coronaciones de su eterno rival River. Tal es así, que muchas de ellas tuvieron al equipo de La Ribera como partícipes de esos festejos. En el final de esta Superliga uno también festejó, pero con globos azules y amarillos.

El ex entrenador Gustavo Alfaro partió de Boca dejando al equipo como escolta de River. En la reanudación del torneo, fue Miguel Russo el mandamás del equipo. Miguelo pateó el tablero. Afuera caras como Mas, Marcone, Zárate y Hurtado, por citar. Adentro aquellos “olvidados” como Fabra, Campuzano, Villa y Soldano. Más la reinvención de Tévez, puntazo del DT.

Russo creó, a partir de sus cambios, un equipo vertiginoso y ofensivo. Con la pelota rápida en sus costados y siendo rematada por los que saben. Eje con Campuzano, juego directo de Villa y Tévez en modo Juventus 2012-2015: hambriento. Propuso, en todos sus partidos, el ida y vuelta. Atacar sin temer. Proyectar para creer.

La Bombonera, en sus festejos, también contaba con una presencia importante. Román, arriba con su mate, observaba todo lo que ocurría. Alguien a quién aprecio mucho, había faveado un tuit que decía lo siguiente: “Pidieron mil DTS, trajo a Russo, que no lo pedía nadie. Pidieron que eche a Tévez, lo dejó diciendo que no se podía olvidar de jugar al fútbol. Pidieron mil refuerzos. Confió en que había suficiente material para ganar el torneo” (@criticocritico). Nada más acertado que esas palabras.

Es que Riquelme entendió que no era necesario rellenar el vestuario de caras nuevas. Eso sí, es cierto que lo de Paolo Guerrero fue frustrante, lo de Pol Fernández un tanto incomprensible y lo de Zambrano, que venía sin actividad, mirado de reojo. Pero sus apuestas resultaron, incluyendo la contratación de Russo.

Entendió, también, que su presencia motivaba más que 10 refuerzos posibles. Lo que Boca necesitaba era ánimo, era estar hambriento y no ver a River como un monstruo, como algo inalcanzable. ¿Quién mejor que Riquelme para lograr eso? “Si hacemos las cosas bien, en 7 fechas somos campeones” le dijo a sus jugadores en su primer día de trabajo, al mejor estilo Nostradamus.

R&R, Russo y Riquelme, la combinación de la felicidad. Le obsequiaron alegría a Boca. Las ganas de ganar y el hambre de triunfar. Con fútbol, empuje y confianza a aquellos que se ubicaban en la sombra. Ellos, sí, los mismos que en 2007 se abrazaban festejando lo que, por ahora, fue la última Copa Libertadores del Xeneize.

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