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El día que Messi falló en una jugada.

El día que Messi falló en una jugada.

Siempre vimos al mejor de todos realizando maniobras maravillosas, hasta que llegó el tiempo donde no le fue bien.

A veces, los más talentosos también se cansan. A Leo le sucedió. En una entrevista, contó detalles de su deseo de irse de Barcelona, el Club de su vida. “Se lo venía diciendo al Presidente hace mucho tiempo“. Desde el envío del famoso burofax, fueron los días más importantes del fútbol mundial. El tema del momento, incluso superando al coronavirus en las búsquedas. Todos en vilo, esperando la decisión final.

Que Messi haya elegido quedarse, no debería ser una buena noticia. Él quiere irse, no quiere jugar más en Barcelona. Está desganado, sin fuerzas y no confía en nadie. Entiendo que los hinchas estén felices, pero si todos hacemos una mirada más profunda, nos damos cuenta que lo legal se impuso sobre la felicidad. Algo grave, muy grave.

La dirigencia le tiró el contrato sobre la mesa y se apoyó en su literalidad. ¿Querés irte? Ok. Ejecutá los 700 millones de la cláusula o vamos a juicio. Decirle eso al -probablemente- mejor jugador en la historia de tu Club, desnuda tu egocentrismo y soberbia. Leo no iba a ir a juicio. Ama a Barcelona. Ahí volvemos a lo dicho hace un tiempo, se aprovecharon de su amor. Sería una locura terminar en tribunales.

Messi hizo jugadas como si estuviera dentro de la cancha. Burofax, ausentarse en las pruebas PCR, no ir al primer entrenamiento de Ronald Koeman como DT, y todo eso en medio de un silencio absoluto. El tema pasó por otro lado. Jorge Messi, su papá, viajó para destrabar la salida y al llegar, todo estaba cubierto. Fue entonces cuando Leo agachó la cabeza, y se dio cuenta que llegó el día donde no le salió una jugada.

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No quiero ser peyorativo con Messi, pero el Presidente le ganó la pulseada. Aunque fuera el mejor de todos y el dueño de la imagen de Barcelona, continuaba siendo un empleado del Club, y eso le hicieron saber. El debate sobre quién tenía razón es otro tema. En el mano a mano, Bartomeu fue más audaz y duro. No se quebró. No mostró su talón de Aquiles. Le achicó el arco y le evitó el gol más decisivo de su carrera.

Lionel Messi se quedará en Barcelona. Un papel fue más que su felicidad, una firma más que sus deseos. Lo ataron a un lugar donde él no desea estar, y -casi- nada lo motiva. Seguramente seguirá haciendo goles magníficos y jugadas memorables. Pero en el fondo, el mejor jugador del mundo está en un lugar donde no es feliz, y eso da para pensar muchas cosas sobre el accionar de los dirigentes con los jugadores. Bartomeu se quedó con un futbolista incómodo.

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