A Godoy Cruz lo empujaron al precipicio

El Club atraviesa un durísimo momento en lo deportivo e institucional.

Godoy Cruz llegó a primera división el 20 de Mayo de 2006, convirtiéndose en el primer equipo Cuyano en lograr semejante hazaña. Tuvo un traspié donde descendió, pero fue fugaz. El equipo fue nuevamente motivado y volvió a lo más alto de las categorías un año después.

Fueron años históricos para el Tomba, que recuerda con cariño a muchos Entrenadores que pasaron por el Club. Omar Asad, que lo clasificó por primera vez a una Copa Libertadores, Sebastián Méndez que casi logra jugar una “final de grupos” contra Lanús, en aquél impresentable torneo que dividía a los equipos en dos zonas distintas, y Diego Davobe, el más reciente y probablemente el más extrañado. De la mano de este técnico, el Bodeguero logró el Subcampeonato de la Superliga 2018, logrando pisarle los talones al Boca Juniors campeón de Guillermo Barros Schelotto.

Hoy, el panorama es totalmente distinto. Aunque muchas veces trataron de disimularlo, el trabajo de Godoy Cruz respecto al armado del plantel no ha sido bueno. Pero no desde ahora, esto arrastra varios años.

Godoy Cruz tiene el plantel más jóven de toda la Superliga Argentina.

No se agilizaron las obras de su estadio mítico, el Feliciano Gambarte. No se reemplazan bien a los jugadores claves en su puesto y en el funcionamiento del equipo. No se contratan técnicos a la altura. Exponen a chicos muy jóvenes a sufrir este estrés y vivir el mal momento. Todo esto es revisable, e incluso corregible, por supuesto.

A un Club lo hace grande su gente, y la gente merece ser escuchada. El hincha de Godoy Cruz está cansado de esto, no solo por los resultados, los movimientos en sí son malos, los pasos en falso reiterados y las buenas campañas quedan en el olvido. No se trabaja en base a lo obtenido, no se sacan frutos a futuro, con lo importante que esto es.

¿Cuánto costará escuchar al hincha? Las críticas constructivas, en este caso, son vitales. Godoy Cruz no merece vivir esto. No merece estar en lo más alto y de repente en lo más bajo, al mejor estilo montaña rusa. No es justo para nadie. A Godoy Cruz lo empujaron al precipicio.

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