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Mi carta al tiempo: ami-enemigo eterno.

Mi carta al tiempo: ami-enemigo eterno.

A los 15 años guardé una carta remitida al tiempo. Hoy, que me veo en cautiverio impuesto, la encontré adentro de un cajón. Qué egoísta sería si no la libero.

”Querido tiempo: A veces me confunde tu función en el mundo.”- Así fue como hace tres años describía yo a la dimensión física que representa la sucesión de estados de la materia. ”Pienso que, quizás, en algún momento de mi vida deseaba con insondable fuerza que pudieras acelerar tu paso. Que te apuraras un cachito y me volvieras grande, o que me dieras las características físicas que necesitaba para que nunca más dudaran de mi edad o me tomaran el pelo en los negocios al verme tan chiquita, inexperta, tan joven.”

Toda mi vida me vendieron el discurso de que el tiempo es el enemigo del hombre, que en algún momento lo declararon culpable del fracaso humano, pero este postergó el juicio hasta llevarse a todos. Siempre discerní de ese discurso, pero tampoco lograba asimilar su papel en el mundo, su benevolencia o maldad.

”Ahora en cambio no quiero que hagas eso. Te he visto llevarte personas con tanta luz que opacaban el sol, pero también jugaste limpio con ese asunto del karma. ¿Sos un justiciero o un asesino? No tengo ni idea. Pero bien conozco que me asusta que te hayas tomado muy a pecho ese deseo de cuando era niña y te pedía por favor que te apuraras. ¿Sabes que ya no quiero eso, verdad? A estas alturas lo que menos necesito es un límite que me separe de mis padres, de mis sueños y mis hermanas. Me retracto, tiempo ¿Lo dije muy tarde como para que me escucharas?”…

” Lleguemos a un acuerdo.”- continuaba la carta. ” Prometo respetar tu paso que se acelera cuando menos lo quiero, y se detiene cuando necesito que avance. Juro que actuaré con madurez, que no voy a culparte de mis irresponsabilidades, ni vociferar maldiciones cuando decidas llevarte mi juventud, pintarme el pelo color nieve, poblarme los ojos de caminos o encorvar mi espina hasta que mis pasos sean torpes.

A cambio te pido solo una cosa, dejame los recuerdos. Por buenos o malos son míos, quiero conservarlos hasta que me vaya. Necesito escuchar los chistes de mi viejo, la risa de mi madre y la voz de mis hermanas. Por buenos o malos siguen siendo míos, quiero conservarlos… hasta que me vaya.

Porque nunca sabré bien cuáles son tus intenciones, y puede que cuando sepa ya nadie me tome en serio. Por eso es que escribo esta carta sin un remitente físico, al Tiempo: ami-enemigo eterno.”

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