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Nikola Tesla, la oscura vida de un genio

Nikola Tesla, la oscura vida de un genio

Nikola Tesla es un ícono de la cultura popular, un científico excéntrico, un inventor adelantado a su tiempo, un genio incomprendido. Considerado el fundador de la tecnología moderna y padre de la civilización eléctrica, fue pionero en la robótica. Pero su éxito no fue reconocido hasta mucho después de su muerte.

Es considerado por muchos como el mejor inventor del siglo XX. Su figura, un tanto maltratada por la historia, ha sido reivindicada por movimientos contraculturales que descubrieron el legado de un hombre que se opuso a las normas establecidas y que vivió en un mundo que aún no estaba preparado para su ingenio y su creatividad. Aunque su vida se destacó no solo por su brillantez, sino también por algunos sucesos trágicos y ciertos hábitos, creencias y rasgos personales que eran, por lo menos, singulares.

Los inicios de un visionario

Nikola Tesla nació el 10 de julio de 1856 en Smiljan, una pequeña localidad situada en el actual territorio de Croacia. Ya desde pequeño dio muestras de tener una mente inusualmente curiosa y creativa para su edad. Cuenta la leyenda que, cuando tenía tres años, vivió un episodio que marcaría el resto de su vida: mientras acariciaba el lomo de su gato, el roce de la mano produjo chispas producto de la estática y, quiso averiguar por qué. Su padre, un sacerdote ortodoxo, le dijo que era lo mismo que ocurría en los árboles durante una tormenta: la electricidad. Desde ese momento y hasta su muerte, Nikola Tesla enfocó sus días en investigar ese fenómeno hasta convertirse en el gran visionario que fue.

Tesla era el cuarto de cinco hermanos. Su hermano mayor, Dane, murió en un accidente de equitación cuando Nikola tenía cinco años. Esa tragedia lo marcó para toda la vida, ya que se consideró responsable de su muerte.

Con solo 17 años, el joven Nikola enfermó gravemente de cólera y estuvo a punto de no recuperarse. Su padre le prometió que, una vez restablecido, lo enviaría a la mejor escuela de ingeniería, el deseo más fervoroso del joven. En su época de estudiante comenzó a gestar el propósito que lo acompañaría para siempre: idear el modo en que la energía gratuita pudiese llegar a todo el mundo. 

En 1875, se matriculó gracias a una beca en la Escuela Politécnica de Graz, en Austria. Durante su primer año no faltó a ninguna clase y obtuvo las más altas calificaciones. Al final de su segundo año de estudios, perdió su beca y se convirtió en un adicto a los juegos de azar. Durante su tercer año, despilfarró el dinero de la matrícula en apuestas. Nunca se graduó en la universidad y, en diciembre de 1878, dejó Graz y cortó relaciones con su familia tratando de ocultar el abandono de los estudios.

El 24 de marzo de 1879, fue devuelto a Gospic bajo vigilancia policial por no tener permiso de residencia. El 17 de abril murió su madre, y durante ese año, dio clases a los estudiantes en su antigua escuela.

Su relación con Edison

De viaje a Nueva York en 1884, Tesla acudió directamente al hombre que influiría definitivamente en su vida: Thomas Edison. A él iba dirigida una carta de recomendación de Charles Batchelor, su último jefe. Tras leer la misiva, Edison lo contrató de inmediato. Pero la relación entre ellos distó mucho de ser plácida. Existieron diferencias que fueron acrecentándose con el paso del tiempo y que se plasmaron en la forma de plantear y de ver los resultados de su trabajo. Mientras Edison fue el primer introductor y un firme defensor de la corriente continua, Tesla estaba convencido de que la corriente alterna era una solución mejor –recurso que seguimos usando en nuestros hogares más de 150 años después–. Esta disputa se conoce como “la guerra de las corrientes”.

A lo largo de finales del siglo XIX y principios del XX, Edison, preso de la envidia, no dejó de humillar y ridiculizar a Tesla. Lo obligaba a trabajar hasta dieciocho horas diarias de lunes a domingo arreglando problemas técnicos y llegó a montar “espectáculos” para desacreditar y deslegitimar su invento, la corriente alterna.

“Los inventos de Tesla están en la base de nuestra civilización tecnológica. Sin su sistema de generación y distribución de corriente alterna no podríamos enchufar nada a la red; sin su motor eléctrico no tendríamos lavadoras ni muchos otros aparatos que nos rodean”

Edison no fue el único científico que trató de hacerle sombra. Guglielmo Marconi, premio Nobel por el invento de la radio, se apropió de diecisiete patentes que eran propiedad de Tesla, quien ya llevaba varios años probando la emisión y recepción de señales radiofónicas. En 1943, la Corte Suprema de Estados Unidos reconoció que Marconi había plagiado tal invento y le entregó los derechos a Tesla, quien murió sin saberlo. Sin embargo, todavía hoy la cultura popular señala a Marconi como inventor de la radio.

¿Por qué había tanto interés en borrar a Tesla? 

Se cree, principalmente, en dos grandes motivos:

  • Tesla nunca quiso enviar ningún artículo a la comunidad académica, lo que le costó ganarse su enemistad y la oposición a cualquier nuevo invento.
  • El sueño de Tesla era obtener energía gratuita para todo el mundo, y, además, enviarla de forma inalámbrica. Esto chocaba con las aspiraciones del poder económico y de los monopolios energéticos, que veían peligrar su negocio.

“La ciencia no es más que perversión en sí misma, a menos que tenga como objetivo mejorar la humanidad”

Nikola Tesla

Un hombre singular

Tesla fue una persona notable. Afirmaba que tenía memoria fotográfica, lo que lo ayudó a recordar libros enteros y a aprender 8 idiomas. Sostuvo que muchas de sus mejores ideas se le ocurrieron en un instante y que vio fotografías detalladas de muchos de sus inventos en su mente antes de comenzar a construir los prototipos. Como resultado, no realizó dibujos ni planes de muchos de sus dispositivos.

Nunca se casó, alegando que el celibato desempeñaba un papel importante en su labor científica. “A veces siento que al no casarme hice un sacrificio demasiado grande por mi trabajo”, aseguraba. Aunque numerosas mujeres compitieron por su afecto jamás mantuvo relación con ninguna de ellas. Tal vez debido a la enfermedad casi mortal que padeció en su adolescencia, temía a los gérmenes y practicaba una higiene muy estricta.

Exhibía muchas manías y obsesiones: tenía fijación por el número 3 y aversión por las perlas –lo que llevó a negarse a hablar con cualquier mujer que los usara–, adoraba a las palomas –él mismo reconoce que una se convirtió durante un tiempo en lo más importante de su vida–, no soportaba el pelo humano ni permitía el contacto físico. Todas estas excentricidades no ayudaron a mejorar la imagen de un hombre condenado a permanecer a la sombra de otros más avispados.

Tesla sostuvo que las mejores ideas aparecían en sus ratos de soledad. Sin embargo, no era un ermitaño, ya que socializaba con las personas más famosas de la época en elegantes cenas que él mismo organizaba. Mark Twain frecuentó su laboratorio y promovió algunos de sus inventos. Tesla gozaba de una reputación no solo como un gran ingeniero e inventor, sino también como filósofo y poeta.

El don de la sinestesia

Se cree que parte del prodigio intelectual de Tesla venía dado por la sinestesia. Un sinestésico puede percibir de forma conjunta diferentes sensaciones, mezclar sus sentidos. Los principales ejemplos son la posibilidad de oler un color, ver un sonido, percibir un gusto al tocar la textura de un objeto, etc.

Como detalle curioso, Tesla hablaba y escribía con fluidez ocho idiomas: serbocroata, húngaro, latín, francés, checo, inglés, alemán e italiano. No obstante, abogaba por un idioma universal para “facilitar la comprensión mutua”. Curiosamente, el esperanto nació durante los años en los que la “guerra de las corrientes” estaba en su apogeo.

Sus últimos años

En sus últimos años de vida, The Times entrevistó a Tesla, quien reveló que solo esperaba vivir el tiempo suficiente para, al menos, colocar un aparato en una habitación que pudiese activarse con la energía de su alrededor. Tras su fallecimiento, en 1943, comenzó la campaña para borrar su nombre de la historia y atribuir sus éxitos a otros, así como para centrar su recuerdo en su carácter excéntrico.

Nikola Tesla falleció a causa de un infarto agudo de miocardio el 7 de enero de 1943, en la habitación 3327 del New Yorker Hotel. Su cuerpo fue encontrado luego de que una empleada de limpieza ignorara el letrero de “no molestar” que había colocado en la puerta dos días antes.

Por si el escarnio popular no fuera suficiente, el Gobierno estadounidense incautó todos sus documentos, incluyendo estudios e investigaciones. Su familia tardó años en recuperar dichos documentos –para lo cual tuvo que contar con la ayuda de la embajada de la antigua Yugoslavia–, los cuales, desde entonces, se encuentran expuestos en el Museo Nikola Tesla, en Belgrado.

Lo que muchos llaman “el gran error de Tesla”, es, en mi opinión, precisamente, su gran virtud: no trabajaba para beneficio propio ni para el de unos pocos, sino para beneficio de la humanidad. Eso le costó morir solo y abandonado, a los 86 años. Por supuesto, también le costó una dura y larga condena al ostracismo por parte del poder. Afortunadamente, surgió una corriente cultural que busca devolver el honor a uno de los mayores genios de la historia de la humanidad.

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